viernes, 20 de mayo de 2016

El mimetismo y la estelada blava


        De todos es sabido que el ser humano es un animal social, es una consecuencia de la tendencia de la especie a tener cada vez una mayor capacidad craneal. Como es de los animales que nacen más indefensos necesita un largo periodo de tiempo para poder desarrollar su cerebro y tener una cierta autosuficiencia que le permita enfrentarse a un exterior que siempre es hostil. En algunos casos basta con que llegue a la adolescencia para su yo le autoafirme como independiente, aunque hay casos en que la autonomía no llega nunca, se es un niño eternamente, y la ciencia dice que tiene el “complejo de Peter Pan”, mientras que los vecinos opinan que tiene mucho morro, y que con treinta años ya se podía poner a trabajar y dejar de seguir mamando de las ubres paternas, hay muchos casos, hay más casos de lo que parece.

                                                

         La familia es un concepto muy moderno dentro de la antropología, durante millones de años, desde que el primer bosquimano se sintió homo sapiens y con ganas de ponerse a caminar, sin saber por qué, hasta colonizar el planeta por completo, desde Alaska a Nueva Zelanda, lo que prevaleció fue el concepto de clan. Produce una cierta sonrisa cuando se escucha a ciertos necios, que, para más, viven en clan, religioso por lo general, para dar más pistas, decir que la familia es la pieza fundamental de la convivencia para el ser humano. Pobrecitos, que no fueron a clase el día que se hablaba del origen de la especie y siguen, además de expulsados del Edén, emperrados en lo de Adán y su costilla...

            De la dicotomía yo-clan, que son en bastante medida antagónicos, se obtiene como síntesis  el ciudadano adulto y consciente, el que está dotado de capacidad para decidir sobre su futuro. O esto es una utopía, porque de por medio anda liando la cosa la mimesis.

            La mimesis es un mecanismo de defensa del ser humano para que sea aceptado por los demás como parte integrante del clan. Por este sentido de mimesis pertenecemos a una clase social, a una religión, a un club deportivo, o de fans de un cantante, a una nación... 

            La mimesis no es en sí ni buena ni mala, pero puede ser nefasta cuando los componentes de un cierto clan le dan atributos de bondad y maldad que la presentan como única propuesta. Por ejemplo, la raza aria es la mejor, o nuestro Pueblo es el elegido por Dios, etc.

          Los nacionalismos son, por su propia naturaleza, excluyentes, y una de las formas de diferenciarse es buscando una bandera con la que se sientan representados, y, por tanto, mimetizados, todos los integrantes del clan.

                                    (Foto gentileza de Patricia Bueno Navas)

               Si el sentimiento de ser todos una misma raza, tripulantes de una misma nave, denominada Aldea Global, que viaja a una velocidad de vértigo en lo físico a través de los ilimitados espacios siderales -y no con menor aceleración en lo psíquico, hacia esferas cada vez más complejas de conocimiento, lo que solemos denominar progreso-, prevaleciera sobre las mezquindades nacionalistas, es posible que esta feria de las confusiones, que lleva a convertir un partido de fútbol en una riña de gatos -nunca mejor traído a colación lo de los simpáticos felinos, puesto que el encuentro se disputa a orillas del Manzanares-, sobre himnos y banderas, dejara paso a esos debates que tanto necesitamos sobre las cuestiones importantes, como son: la erradicación de la pobreza y el hambre, la desaparición de las flagrantes desigualdades norte-sur, la desertización de la cuenca mediterránea, la responsabilidad europea con los desplazados por las guerras de Oriente Medio, y un largo etcétera.   

                  ¡Viva la Internacional! 







  














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