jueves, 14 de julio de 2016

La Edad de la Inocencia (10)

El morbo y la hipocresía


               De tanto en tanto un torero muere en su puesto de trabajo, la plaza de toros, y se desata una nueva polémica sobre causas y efectos... Un día sí y otro también muere un trabajador de la construcción en su puesto de trabajo, el tajo, y nadie abre ningún debate sobre la seguridad e higiene en el trabajo... parece que es normal que así suceda, que descanse en paz y... a otra cosa mariposa. Pareciera que la importancia de la muerte de una persona sea directamente proporcional al dinero que se obtenga por su trabajo, esta es una más de las hipocresías que vivimos en la sociedad actual. La muerte accidental de un peón de la construcción puede deberse a mil causas de las que el protagonista sea totalmente irresponsable (fallos técnicos, irresponsabilidad de otros compañeros de tajo o de mandos, etc.), mientras que la del torero es siempre responsabilidad propia, y los buenos toreros así lo reconocen cuando sufren una cornada, hay un terreno que es del toro y otro del torero, y si invades terreno ajeno lo normal es que te la lleves puesta... Ese es el morbo que hace posible que la gente pague una buena cantidad de dinero por presenciar una lídia de toros, que se trata de un animal peligroso, dotado de buenos cuernos, y que hará todo lo posible por zafarse de los que le están martirizando lenta y aviesamente... 


                  Para quien no lo sepa, y para que lo recuerde quien lo haya olvidado, todo el proceso de la lidia consiste en ir castigando a un animal, que de por sí tiene la prestancia y el orgullo de llevar la cabeza alta y de lucir sus armas de defensa con carácter disuasorio para que nadie se meta en líos con él, y de irle desangrando poco a poco hasta lograr que baje la testuz, que humille, se dice, de forma tal que por encima del cuello deje al descubierto una parte de su anatomía que se denomina "hoyo de agujas" por donde, si penetra un estoque de acero de poco más de un metro de largo, es más fácil llegar hasta el corazón del toro y que su muerte se produzca de una manera casi instantánea y deje de sufrir. 

                Que el castigo se produzca de una manera más o menos sádica depende del carácter de los que se lo proporcionan y de los corresponsables, porque no hay que olvidar que los espectadores tienen cada uno su parte alícuota de culpabilidad en el maltrato animal que se está produciendo, que desde los tendidos les animan a ello... Que la plasticidad de las escenas que se van produciendo, que algunos atrevidos llegan a calificar de "arte", tenga mayor o menor realce, que la música anime más o menos el ambiente, no dejan de ser anécdotas... Lo que produce el morbo, y hace afición, es contemplar el riesgo al que se expone un semejante con el que te sientes identificado y emocionado... Así que no os rasguéis las vestiduras, caterva de hipócritas, si muere un ser humano en este lance vosotros le habéis pagado y animado para corriera ese riesgo para vuestro sádico disfrute.

               Cambiando de tercio, que es un término muy taurino, como hace unos seis meses volvemos a ver el lamentable espectáculo de unos politicastros de medio pelo, a los que tenemos el frívolo y extraño gusto de pagar con nuestros impuestos unos sueldos, que para nosotros los quisiéramos, como son incapaces de llegar a parte alguna, cada uno tratando de llevar el agua a su propio molino y sin hacer el mínimo esfuerzo por que el embalse que se llene sea el de la sufrida ciudadanía. Creo que ese es el problema, si se tuvieran que sufragar el gasto de su bolsillo seguro que verían más claro que se puede llegar a pactos, como hacen las empresas privadas que si hay negocio de por medio se marcan una Unión Temporal de Empresas por muy mal consideradas que tengan a las de la competencia...  


                   Y, como en la lidia hay tres tercios, en este ensayo también: Señores culés, ¿cómo quieren que consideremos a una persona que los jueces han condenado como delincuente y estafador a la Hacienda Pública, cómo ciudadano modélico? ¡Métanse el balón donde les quepa!   













sábado, 2 de julio de 2016

La Edad de la Inocencia (9)

Tranversalidad y agnosticismo


              El ser humano, como animal social que es, tiende a reunirse en grupos de mayor o menor tamaño. Estos grupos se  establecen en relación a una afinidad que puede ser de muy diverso tipo: clase, ocupación, entretenimiento, deporte, cultura... En el plano de la política la relación de afinidad es la ideología y el clan se denomina partido político, en el plano de la creencia es la religión y el clan se establece alrededor de una iglesia. 




              Toda ideología tiene un sentido utópico, según el cual, siguiendo la receta que propone, se llega a conseguir una sociedad en la que sus ciudadanos son más ufanos y dichosos. Partiendo de una utopía, no es de extrañar que una vez llevada a la práctica resulte un fiasco o, cuando menos, una degeneración del sentido primitivo que tenía. Según el pensamiento academicista clásico unas ideologías se consideran de derechas y otras de izquierdas, lo cual, a estas alturas del partido, cuando la realidad se empeña en confirmar que una dictadura es tan dictadura, y tan negadora de las libertades individuales, lo sea establecida por un Autócrata o por un Partido, y que la corrupción se puede disparar, a cotas insospechadas, lo mismo cuando gobiernan los neoliberales que cuando lo hacen los socialdemócratas, si la sociedad no pone mecanismos que lo puedan impedir, lo que es bastante complicado, por no decir imposible, de conseguir cuando se practica una alternancia de gobierno entre los unos y los otros, lo que se denomina "el reparto del pastel" a tiempo intermitente, primero unos y luego los otros.

                 La transversalidad propone, como teoría, que un partido político puede carecer de ideología propia, y que la unión entre los integrantes del clan no venga dada por su afinidad ideológica, sino por la finalidad que persigue, y surge históricamente, por aquí, cuando algunas organizaciones ecologistas deciden transformarse en partidos "verdes", aunque por otras latitudes, como Uruguay, ya existieran desde largo partidos transversales, véase como tales el "blanco" y  el "colorao".

                 En el campo de las religiones, todas tienen el prurito de considerarse a sí mismas como únicas y verdaderas, dejando, por tanto, a todas las demás como falsas. Como paradigma de transversalidad en materia religiosa tenemos el agnosticismo, que respeta por igual a todas pero no siente una especial simpatía por ninguna.

                


            Un amigo, en plena resaca pos-electoral, me comenta la transformación prodigiosa, que hemos podido presenciar estos días atrás, de muchos jóvenes NiNi (que ni estudian ni trabajan), en jóvenes NiNiNi (que ni estudian, ni trabajan, ni votan por un partido que les promete un sueldo gratuito de por vida por no hacer nada)...  Es que hay promesas electorales que resultan bien difíciles de creer que se puedan cumplir, y que te animen a la praxis...

              Fuera de las categorías anteriores quedan los anarquistas y ateos, que con Bakunin están porque no haya "Ni Dios ni amo", y los que, como Jorge L. Borges se autodefinen como "anarquista-conservador".